12 ago 2011

Super 8


En la película El Lado Oscuro del Corazón, a Oliverio le traía sin cuidado que una mujer fuera poco agraciada o poco ducha en las artes amatorias, lo que no perdonaba era que no supiera volar.
Con el cine a mi me pasa lo mismo. No me importa demasiado el género ni, la nacionalidad, ni la época. Lo que no le perdono a una peli es que no me levante del asiento de la platea y me haga soñar. Y de un tiempo a esta parte, pocos, muy pocos filmes lo han conseguido. Seguramente es que me estoy haciendo mayor.

Super 8 ha sido lanzada con el objetivo de convertirse en el megataquillazo del verano. No en vano está apadrinada por los dos reyes actuales de Hollywood: Steven Spielberg y J.J. Abrams. En los USA no ha funcionado mal, pero ha quedado lejos de los primeros puestos del ranking, ocupados por Harry Potter y las soporíferas reliquias chiripitiflauticas, Transexualformers 3 y algún otro bodrio más absolutamente olvidable. Y, por supuesto, muy lejos de la recaudación que la Fox y la Paramount esperaban. No en vano Súper 8 es bastante mala. (No es que las otras sean mejores, que no lo son, pero como película, hablando de cine, de Súper 8 se esperaba más, por lo que resulta más decepcionante).

El punto de partida de la película suena muy sugerente. Un ejercicio de nostalgia, evocando las cursis pelis de Spielberg de los años 80, mezclado con las dosis de misterio y desconcierto a las que J.J. Abrams nos tiene acostumbrados. La verdad es que la parte Spielbergiana del film está conseguida: muy bien rodada, escenas de acción apabullantes, preadolescentes muy blancos con problemas de una ñoñez insufrible, los adultos como amenaza, los buenos son muy buenos, los malos son muy malos, la familia como solución de todo... Hay infinidad de referencias al Rey Midas de Hollywood, tanto en lo conceptual como en lo visual. Incluso la banda sonora suena a ET. Y todo eso sería más o menos soportable si la parte del misterio y desconcierto estuviera bien llevada y sirviera de contrapunto. Pero para nada. A partir de la escena del accidente de tren, la peli empieza a ir cuesta abajo hasta caer en picado y sin frenos. Todo es predecible, no hay nada nuevo ni original en Super 8. El extraterrestre -muy dosificado con la intención de crear suspense-, no es más que un poco imaginativo ET con cuerpo de araña. Y al igual que ET tiene hambre y quiere volver a su casa. El momento del clímax de la peli, el enfrentamiento entre el extraterrestre y el niño protagonista en la cueva subterranea, es tan absurdo que da risa. Y el final, decepcionante. Sí, el niño consigue superar la muerte de su madre, pero la verdad, ¿a quién le importe eso? Y ese es el problema: cuando lo que le sucede a los protagonistas te importa poco, la peli no funciona. Ya puede estar apatrinada por los nombres más prestigiosos y contar con el presupuesto más holgado. Ni miedo, ni suspense, ni misterio ni nada de nada.
Super 8 no me elevó de la butaca ni me hizo soñar. Para eso mejor verla en el sofá de casa un mediodía de esos mientras se duerme la siesta.


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